Consideraciones sobre la Ecología Política

La Ecología Política se ubica en el campo del pensamiento crítico y aborda enfoques de varias disciplinas, pues tal como lo señala Little (1992) este modelo emergente de investigación consta de una perspectiva pluridisciplinaria teniendo en cuenta que en él confluyen elementos de la economía, la ecología, la sociología y la antropología. En este sentido, la emergencia de la Ecología Política se condensa precisamente en un contexto en el cual el mundo moderno tiende a desvanecer viejas relaciones del ser humano con la naturaleza y en su remplazo genera nuevas y complejas correlaciones que involucran varios actores con distintas posiciones; y que además, tal y como lo plantea Enrique Leff, (2003) surge sobre todo en el momento en el que nos empezamos a preguntar sobre la reciente condición existencial del hombre.

Partiendo de una crítica radical de los fundamentos ontológicos y metafísicos de la epistemología moderna, más allá de una política fundada en la diversidad biológica, en el orden ecológico y en la organización simbólica que dan su identidad a cada cultura, la ecología política viene a interrogar la condición del ser en el vacío de sentido y la falta de referentes generada por el dominio de lo virtual sobre lo real y lo simbólico, de un mundo donde parafraseando a Marshal Berman, todo lo sólido se desvanece en el aire (Leff, 2004:254-255). Ahora bien, la Ecología Política se interesa no sólo por la complejidad de la relación entre las problemáticas medioambientales y los seres humanos implícitos en ellas sino que también le apuesta, según lo plantea Leff (2004) a desentrañar las relaciones de poder que se entretejen entre los modos de vida de las personas y el mundo globalizado.

En este sentido, la Ecología Política intenta dar cuenta de cómo las relaciones de poder son una variable indispensable para entender los conflictos socioambientales, es decir, cómo el poder que unos seres humanos tienen sobre otros puede incidir en los dilemas del medio ambiente. Paul Little (1992) expone que los antecedentes de la Ecología Política son en suma la Ecología Humana con su interés por la relación del ser humano y el medio ambiente, y el desarrollo moderno, entendido como ese fenómeno social que inició en Europa con la revolución industrial y que se propagó por todos los rincones del planeta generando transformaciones en las maneras de entender el mundo y en la forma como nos relacionaríamos con él; de acuerdo a esto, la Ecología Política sería una corriente de pensamiento que necesita de la incorporación de estos dos enfoques.

Asimismo, las corrientes de análisis encabezadas por la Ecología Política surgen en un momento histórico en el cual el sistema económico capitalista ha alcanzado su mayor nivel de explotación del medio ambiente y ha transformado lo que entendemos por naturaleza en un producto más que se vende al mejor postor, y que en consecuencia de esto se han generado distintas problemáticas en las que se ven involucrados diferentes actores con posiciones disímiles frente a éstas; es decir, que han estado germinando choques entre las distintas formas de intervenir, entender y tratar la naturaleza. Y es precisamente en estos choques ontológicos en los que la Ecología Política tiene lugar.

Las formas emergentes de intervención de la naturaleza, así como nuevas manifestaciones de sus impactos y riesgos ecológicos, han puesto en uso común y en la retórica oficial nociones antes reservadas para los medios científicos y académicos; esta terminología se inscribe dentro de nuevas estrategias conceptuales que alimentan a la Ecología Política, donde se expresan visiones controversiales, conflictos de intereses contrapuestos y estrategias diferenciadas en el proceso de reapropiación de la naturaleza (Leff, 2004:115). En este abismo de conflictos, y siguiendo la línea de Leff (2014), la Ecología Política intenta entonces ubicarse en un análisis encaminado a entender precisamente esos procesos en los cuales se le da significación a la naturaleza y cómo en este trayecto se generan posiciones diversas, y a veces opuestas, que llevan a relaciones de tensión.

De esta forma, la Ecología Política “se establece en el encuentro, confrontación e hibridación de estas racionalidades desemejantes y heterogéneas de relación y apropiación de la naturaleza” (Leff, 2004:24). De acuerdo a esto, la Ecología Política necesita de la inclusión de los análisis del funcionamiento del poder político, teniendo en cuenta que la humanidad siempre está intervenida por relaciones de dominación; lo que hace que se interponga en ese mismo camino su relación con el medio que habitan.

Por otro lado, según lo que expresa Alimonda (2011), la Ecología Política comienza a ser nombrada en la década de los años 1970’s, pero es más adelante cuando empieza a consolidarse en la academia. Esto debido a que las temáticas medioambientales estaban siendo analizadas desde su dimensión ecológica pero sin incorporar los análisis sociopolíticos; lo que llevaba a trazar una línea divisoria fundamental entre los estudios con una perspectiva ecológica y la Ecología Política. Tal y como lo señala Héctor Alimonda:

Indiquemos aquí una diferencia fundamental en relación al campo de la historia ambiental, tan próxima en sus preocupaciones problemáticas con la ecología política. Epistémica y metodológicamente, la historia ambiental se ubica dentro de los márgenes disciplinarios de la Historia, y es allí donde está dando la lucha por su reconocimiento. La ecología política, al contrario, crítica en su práctica la parcialización exacerbada del conocimiento tecnológico y tecnologizado, y resalta, por el contrario, la necesaria integración de perspectivas para dar cuenta de sus objetos de estudio (Alimonda, 2011:40-41).

Es así como la Ecología Política fue encontrando su propio camino, y diferenciándose en cierta medida de los análisis que excluían relaciones importantes para abordar las temáticas que incluían problemáticas medioambientales. De acuerdo a esto, Alimonda (2011) también señala, por ejemplo, que Martínez Alier en su caso sigue esta postura crítica y propone que los estudios de la Ecología Política están en relación con el análisis de los conflictos ecológico distributivos, entiendo éstos como los conflictos sobre el acceso y el control de los recursos naturales.

En este sentido, Alimonda (2011) plantea que a pesar de que Martínez Alier incluye de alguna forma a la Economía, éste autor no expone un punto de vista economicista porque reiteradamente hace referencia a los diferentes “lenguajes de valor” que están inmersos en los conflictos a los que se hace alusión. En este mismo orden, Arturo Escobar (1999) se aproxima a la Ecología Política desde la perspectiva que analiza la dicotomía entre la naturaleza y la cultura, pero también le apuesta a un planteamiento en el cual incluye la lucha de los movimientos sociales en Colombia como nuevas formas de incorporar conceptos y metodologías para abordar la Ecología Política. Así mismo, Escobar (2005) incorpora propuestas desde una dimensión latinoamericana como una perspectiva ética en donde se cuestione tanto la modernidad como el desarrollo.

De una forma más prospectiva, el esfuerzo latinoamericano de la ecología política intenta construir una ética y una cultura de la sustentabilidad. Esto incluye repensar la producción orientada hacia una nueva racionalidad ambiental y un diálogo entre otras formas de conocimiento, hacia la construcción de novedosas racionalidades ambientales. Esta perspectiva ética de la ecología sobre la naturaleza, la vida y el planeta implica un cuestionamiento a la modernidad y al desarrollo, más aún, una irrefutable crítica a la falacia desarrollista (Escobar, 2005:88).

Ahora bien, retomando a Alimonda (2011), también señala que para Enrique Leff el articulador esencial para entender las problemáticas en torno a los recursos naturales es: el poder. Como ya se había mencionado unos párrafos atrás, Leff plantea la necesidad de un análisis a través de las relaciones de poder, para lo cual Alimonda (2011) nos recuerda que para este autor la Ecología Política supone una epistemología política. Es así como Enrique Leff (2003:18) manifiesta que “a la ecología política le conciernen no sólo los conflictos de distribución ecológica, sino el explorar con nueva luz las relaciones de poder que se entretejen entre los mundos de vida de las personas y el mundo globalizado”.

En este sentido, se hace necesaria la aproximación a esas relaciones de poder que han mediado todos los procesos de los seres humanos, y que sigue siendo una variable que se interpone en las dinámicas sociales, económicas, medioambientales, y culturales; en un mundo enteramente globalizado. Por su parte, Alimonda (2011) plantea en su propia propuesta de análisis que, basándose en los aportes de los académicos señalados, su interés se direcciona hacia el desarrollo y abordaje de la Ecología Política desde un punto de vista práctico de investigación pero también de construcción de conocimiento que se posicione como un espacio de enunciación.

Así, este autor se desplaza también hacia la comprensión específica de América Latina como un territorio que ha sufrido un desgaste medioambiental precisamente a causa de las relaciones de poder que vienen desde la época colonial, en la cual primaba el interés por el territorio y sus recursos.

La persistente colonialidad que afecta a la naturaleza latinoamericana. La misma, tanto como realidad biofísica (su flora, su fauna, sus habitantes humanos, la biodiversidad de sus ecosistemas) como su configuración territorial (la dinámica sociocultural que articula significativamente esos ecosistemas y paisajes) aparece ante el pensamiento hegemónico global y ante las elites dominantes de la región como un espacio subalterno, que puede ser explotado, arrasado, reconfigurado, según las necesidades de los regímenes de acumulación vigentes. (Alimonda, 2011:22).

De acuerdo a lo anterior, se deja entrever que las relaciones a las que ha estado sujeto este espacio particular del mundo, han presentado a lo largo de la historia relaciones de poder que han sido las impulsadoras de los conflictos medioambientales vigentes, a través de las cuales se puede analizar esta recurrencia de conflictos, pues tal y como lo menciona Alimonda (2011), los conflictos de distribución en este caso tienen una relación directa y puntual con una larga historia de colonialidad, saqueo, explotación y exclusión. Por otro lado, es importante para el presente análisis resaltar que Alimonda (2011) también señala que que algunos de los autores mencionados, que trabajan desde la Ecología Política, tienden a disminuir el análisis del papel que cumple el Estado con sus políticas en torno al medio ambiente; teniendo en cuenta que es a partir de del Estado desde donde se formulan las regulaciones de intervención de la naturaleza, y desde donde se configuran las rutas para la sustentabilidad del territorio.

De acuerdo a esto, el autor expone que “el Estado a través de sus múltiples mecanismos (el Derecho, para empezar), de sus instituciones, de sus políticas visibles e invisibles, de sus rutinas, es el gran Distribuidor originario que fundamenta los actuales conflictos de distribución” (Alimonda, 2011:45).

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Bibliografía
– Alimonda, Hector. 2011. La colonialidad de la naturaleza. Una aproximación a la Ecología Política Latinoamericana. Ediciones Ciccus, Buenos Aires.

– Escobar, Arturo. 1999. El final del salvaje: naturaleza, cultura y política en la antropología contemporánea. Cerec, Santafé de Bogotá.

– ______________. 2005. Más allá del Tercer Mundo. Globalización y Diferencia. Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Bogotá.

– Leff, Enrique. 2003. La ecología política en América Latina: un campo en construcción. En: Revista Polis. Vol. 2, No. 5 (2003), Pág. 125-145. [Consultado el 14 de Julio 2013]. Disponible en http://www.scielo.br/pdf/se/v18n1-2/v18n1a02.pdf

– ___________. 2004. Racionalidad ambiental: la apropiación social de la naturaleza. Siglo XXI Editores, México.

– Little, Paul; Aguilar, Roberto; Obando, Gerardo y Trujillo Betty. 1992. Ecología política de Cuyabeno: el desarrollo no sostenible de la Amazonía. Instituto Latinoamericano de Investigación Sociales (ILDIS), Ecuador.

 

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